Feeds:
Entradas
Comentarios

536779_446858978724911_128552655_nUsted siente esta energía en el movimiento cuando siente su cuerpo y hay movimiento.
Ponga sus brazos enfrente de sí y baje y suba, uno, dos, uno, dos, uno, dos, tratando de ver que esa energía en Ud. une todo su movimiento, y esa fuerza sólo es posible si mi cuerpo está allí.
Ahora, ¿puede estar consciente de esa energía en el momento presente? ¿Puede ver su movimiento? ¿Puede sentir el movimiento? ¿Que él podría ser muy, muy exacto? ¿Que usted está consciente de su brazo? Usted estaría consciente si su atención fuera muy intensa. Trate de mantener una atención que sea más fuerte que la sensación de su cuerpo, entonces, el cuerpo obedece, uno, dos, uno, dos, derecha, izquierda, derecha, izquierda, teniendo la sensación del movimiento, de la energía que está en el movimiento, no sólo de mi brazo, una energía que está en el movimiento, para eso, yo debo estar consciente de la energía de mí mismo, dos, uno. Ahora agregará algo más, el movimiento de la cabeza, arriba, abajo, arriba, abajo, no demasiado rápido, no demasiado lento, arriba, abajo, y verá que debe tener la misma atención. Yo estoy pensando en una fuerza intensa, uno, dos, y veo que mi movimiento siempre se hace cargo, uno, dos, y siento mi movimiento en el momento presente, estoy muy consciente de que estoy aquí.
Si quiere, podría repetirlo nuevamente, y si no pudiera trabajar, a menos que sea necesario, verá que está consciente de su debilidad, de su clase de atención, que no es la que le está faltando ahora, una muy consciente atención que toca al mismo tiempo mi cuerpo, mi mente, mis emociones, al mismo tiempo, la misma fuerza, mi atención está en todas las partes de mí mismo, por eso cuando hago un movimiento con mi mente, ella está en mi movimiento y siento con mis emociones, mi movimiento tiene un significado y toda mi atención consciente está con él, y siento como se completa, y me doy cuenta, que es muy difícil tener una mente que se esté ocupando de mi cuerpo, mi mente está en parte con las ideas. Para que la mente se relacione con mi cuerpo, la idea no debe atrapar mi atención.

 

 

 

 

 

 

 

Esta relación necesita ser establecida en sí misma, todo está en el movimiento, si no estuviera allí, mi movimiento sería automático. Ud. lo vera, cuando viajemos a otras ciudades con los Movimientos para toda esa gente, y Uds. recibirán algo de esto, de cómo tratamos de tener una relación entre los centros.
Es muy ético tener una atención que nos brindará una nueva comprensión, no siempre ideas, sino algo nuevo, algo real, es muy difícil tener esta clase de atención, porque mi mente y mi cuerpo deberían estar relacionados y noto que ellos no están relacionados, mi mente está en su propio movimiento, mi cuerpo en el suyo, mis sentimientos pasan sus propios movimientos; debemos tener un movimiento en unidad, siempre tener un Intercambio de energía, con este Intercambio, la energía tiene una nueva cualidad, es una energía que viene de un nivel Superior.
Una energía que viene de mi mente, de la parte más alta de mi mente, a la que no estoy abierto hoy.
Veo siempre la parte de la mente que está llena de experiencias, es la que todo el tiempo viene y atrapa mi atención.
Pero hay otra parte de la mente, donde está la inteligencia, la capacidad de una visión pura, que no depende de todo el material que esté en ella. Necesito relacionarme con esa parte de mi mente, entonces, me daré cuenta que tengo una visión nueva, que es absolutamente clara.
Me veo a mí mismo, veo a las personas, veo lo Que es, muy claramente sin reaccionar, veo lo Que es, me veo a Mi Mismo como soy.

 

 

 

 

El anhelo de libertad proviene de una necesidad —y también de una premonición o “sabor anticipado”— de la libertad y de lo que podría significar ser libre. En el estado de sueño despierto, la sensación de libertad surge del reconocimiento de su ausencia. Cuando estoy dormido, durante la noche, me es imposible saber lo que es la libertad, pero en mi sueño despierto, durante el día, puedo reconocer que es posible ser libre, al comenzar a darme cuenta de que estoy en una prisión cuyos barrotes y carceleros han sido creados por mí. Por lo tanto, la primera pregunta que me puedo formular es: “¿De qué deseo liberarme?”
La premonición de libertad proviene de las observaciones sobre qué es lo que me aleja de ella. Podría reconocer, luego de un largo trabajo de observación de mí mismo, que la identificación me mantiene en mi estado de sueño. Cuando estoy identificado, mi perspectiva, valoración y evaluación de las impresiones es limitada y subjetiva. Si estoy identificado, nada nuevo puede ocurrir. La imagen creada por la falsa personalidad fortalece la identificación. Sólo puedo comenzar a ser libre una vez que haya visto y, eventualmente, haya dejado de lado esa imagen falsa de mí mismo.
Para que exista la posibilidad de algo nuevo, de alguna ayuda o de alguna comprensión interior, tengo que estar “no apegado”. Si hay una apertura, un desapego de las cosas (mis “posesiones”, mi negatividad o mi propia manera de sufrir, que alimentan mi personalidad), si puedo separarme de mi imaginación, entonces existe la posibilidad de alcanzar un estado de desapego. Es a partir de este estado que puedo comenzar a trabajar en otro nivel. Un apego o identificación que toma posesión de la totalidad de mí puede servir a lo “positivo” o a lo “negativo”, pero cancela toda posibilidad de sostener al mismo tiempo tanto las fuerzas positivas como las negativas. Sólo cuando podemos sostener lo negativo y lo positivo a la vez, existe la posibilidad de que ingrese una tercera fuerza, la fuerza neutralizante.
Todo esto está muy lejos de nosotros. ¿Dónde comenzar mi trabajo sobre la libertad: tal como soy, en el estado en que estoy? Una máquina no puede ser libre, por lo tanto necesito liberarme de la mecanicidad. Cuando soy mecánico, estoy dormido; en este estado, no existe la posibilidad de escoger. Lo contrario a esto, es el estado de conciencia, en el cual yo puedo escoger. ¿Cómo puedo alcanzarlo? Ese estado se inicia con una calma interior, yendo hacia un silencio interno, hacia un vaciarse, hacia un vacío, para que tenga lugar un escuchar interior. En ese estado de calma, podría manifestarse una atención que me conectaría tal vez con una conciencia superior. Si mi mente “exterior” funciona en el lugar que le corresponde y no toma posesión de la totalidad de mí, si esa mente se pone “en neutro”, sin rememorar el pasado ni anticipar el futuro, entonces algo puede suceder en el momento presente. Pero eso todavía está muy lejos de mi estado actual. Déjenme dar algunos ejemplos de lo que significa estar libre y estar en prisión.
Conocí a un profesor de matemáticas con un intelecto bellamente organizado quien vivía como si la vida pudiese “resolverse” con la mente. ¿Es posible la transformación para una persona que viva en ese estado? ¿Puede una persona así recibir algún pensamiento nuevo o estar libre de la identificación? Él me preguntó: “¿Qué es la libertad? ¿Cómo puedo separarme de mi forma de pensar, meramente intelectual y que no me permitesentir?” Estaba comenzando a reconocer la forma habitual como funcionaba su mente y cómo ella se convertía en una barrera que no le permitía expresar las emociones hacia su esposa, sus hijos y hasta sus estudiantes. Comenzaba a darse cuenta de que, al liberarse de su mente, podía crear una vida nueva y diferente.
Otra persona de mi grupo reaccionaba cada vez que se hablaba del cambio de manera de pensar y la transformación y respondía: “Bueno, yo soy así; ¡qué le voy a hacer!” Sin embargo, ella sí podía hacer algo si se daba cuenta de cuán encadenada estaba a la aceptación acrítica de sí misma tal como es. Liberarse a sí misma de su actitud recurrente y reconocer su aceptación mecánica (“yo soy así”) la incentivaría a hacer esfuerzos y a salir de su prisión.

300x500x40-anos2008-foto-bn1-300x500.jpg.pagespeed.ic.x7y4t00dJBOÍR Y ESCUCHAR…….
Necesitamos herramientas e instrumentos más finos cuando tratamos de alcanzar un nivel más elevado. Necesitamos un enfoque diferente, uno que sólo los centros superiores nos pueden brindar. Recuerdo el “tema del día” durante un fin de semana de trabajo en Armonk, Nueva York: “Hoy, trate de escuchar. Uno puede hacerlo sólo por breves momentos, luego se vuelve a dormir. No obstante, generalmente uno oye durante el día, por momentos, si presta atención al escuchar”. En la medida en que practicábamos esta tarea, me sorprendía lo mucho que podía oír: los pasos de mis compañeros, el crujir de la grava, el sonido de las hojas de los árboles con el viento. Podía oír mi propia respiración, las voces de los otros cuando hablaban entre sí y de dónde provenían esas voces. Algunas eran impacientes, otras eran cálidas y protectoras y otras, completamente mecánicas. De las voces de las personas que trabajaban a mi alrededor, pude sentir su calidad de atención y, observando esto, pude recoger de nuevo mi atención.
Experimenté un escuchar diferente. Todo mi organismo escuchaba con la atención completamente enfocada, ya que yo deseaba oír cada palabra que se decía. Muy a menudo caemos en la trampa de dirigir una pregunta al instructor y formular nuestra respuesta aun antes de que la pregunta haya sido respondida, sin oír nunca lo que se nos dice. Nuestras vidas dependen enteramente de nuestra capacidad de escuchar interiormente. A causa de nuestra identificación con el “ruido” de la vida externa, no oímos lo que nuestros centros superiores nos dicen constantemente. Si sólo pudiéramos escuchar, la vida sería mucho más fácil para nosotros.
Pero, ¿qué significa escuchar? ¿Escuchar a quién? ¿Escuchar qué? ¿Quién escucha? Digo: “Deseo oír”. Primero debo preguntar: “¿Quién quiere oír? ¿Es un ‘yo’, un grupo de ‘yoes’ o es todo yo?” Sólo si se trata de todo yo, ese deseo se materializará. Y sólo si la necesidad es grande vendrá del lugar adecuado. Debo escuchar con todo mi ser, tanto al interior como al exterior. También deseo oír matices, sutilezas, que subyacen en todo lo que sucede a mi alrededor. Deseo escuchar las influencias nacionales, raciales, geográficas y hasta planetarias que me hablan. Deseo escuchar y sentir, en las voces de las personas, quiénes son, cuál fue su formación religiosa y familiar, su educación y su crianza, sus circunstancias sociales y domésticas.
Deseo estar en contacto con mis centros superiores. Trato de hacer contacto con ellos para empezar a oír lo que dicen. Para hacer esto, necesito incrementar mi sensibilidad interior. El centro emocional puede sentir el estado interior de otras personas y esto es lo que yo deseo escuchar. Deseo escuchar mi ser interior, lo que mi ser me dice, oír la mentira en los otros y también la mentira en mí. Cuando escuche interiormente, escuche con el plexo solar; la mente no es más que un policía.
Debemos estar muy, pero muy tranquilos y silenciosos para ser capaces de sintonizarnos con vibraciones más finas y más elevadas. Nuestras vibraciones normales son muy toscas. Utilizando el deseo, tratamos de establecer una conexión, una manera de escuchar. Una vez que aprendemos cómo escuchar, hemos logrado un elevado estado de ser. Nuestros órganos saben cómo escuchar. Oímos los matices en las voces de los otros; hemos aprendido a estar sintonizados con los estados de ánimo de los otros. Los utilizamos para vender algo, para comprender y sentir compasión hacia los otros, para la docencia en aula. A pesar de que todo esto está en el nivel de la vida cotidiana, apunta hacia el hecho de que tenemos la capacidad de escuchar. El mal funcionamiento de la máquina humana y la falta de conexión entre los centros utilizados en la vida ordinaria y los dos centros superiores obedecen al desarrollo insuficiente de los centros inferiores. Precisamente esta falta de desarrollo de los centros inferiores, o su mal funcionamiento, nos impide hacer contacto con nuestros centros superiores a través de un verdadero escuchar.
Debemos escuchar con los centros apropiados, tanto el intelectual como el emocional. Cuando un pensamiento haya sido registrado, trate de sentir. Hasta ahora, nuestro pensamiento y nuestro sentimiento han funcionado separadamente.
Para escuchar realmente es necesario que mi atención esté centrada. Sólo cuando uno está centrado puede reunir su atención de manera de poder enfocar lo que se está tratando de escuchar y dejar que el significado penetre en uno. Esto se designa en la enseñanza de Gurdjieff como “el estado de recogimiento”. Para oír, debo tratar de utilizar mi mente para aquietar mis pensamientos y dirigir mi pensar hacia un canal diferente. Trato de permanecer en el estado de inmovilidad interior que logro en mi sitting. Éste es mi propósito: vivir el Trabajo, pensar desde mi trabajo. Consagro un tiempo definido cada día para tener la sensación de mi cuerpo, estar presente, en silencio y, sobre todo, recordar este propósito. Comienzo con el ejercicio de la mañana: al tratar de alcanzar una total quietud. Tengo que observar la calidad de mi meditación, mi sinceridad en el deseo de estar en silencio. Debo darme cuenta de cuándo me miento a mí mismo acerca de esta calidad. ¿En qué momento empieza a vagar mi atención? Es cuando “el diablo me tienta”, como decía el Sr. Gurdjieff, inyectándome pensamientos sobre el próximo día con sus implicaciones emocionales, el ruido interno, que hace imposible escuchar realmente. Poco a poco, la sensibilidad interior se incrementa, el “aparato receptor” atina su sintonía y yo comienzo a oír. “Haga un espacio dentro de usted para ser capaz de oír”, me dijeron mis instructores. Algo es atraído a este vacío. Tal vez sea sólo una palabra o un sabor. Desde este lugar, podemos oír lo que normalmente no oímos. Podemos oír el silencio. Usted puede, de hecho, alcanzar este estado durante el ejercicio de la mañana cuando se permite escuchar. Mi escuchar puede arrojar resultados de dos formas diferentes. Primero, escucho buscando respuestas que vienen del exterior; una comprensión o una ayuda proveniente de lo más alto. Segundo, trato de escuchar la forma como mis centros superiores me están guiando.
Aprender a oír y a escuchar han sido los hitos en el camino hacia mi propósito, el perfeccionamiento de los cuerpos eserales superiores, y me fue indispensable para estar al frente de los grupos de Gurdjieff en Colorado. Cuando respondo a sus preguntas, no es desde mi conocimiento personal, sino desde el escuchar las respuestas de los centros superiores. Creo en el poder de los centros superiores. Creo que los centros superiores verdaderamente tienen acceso a un conocimiento superior, a una comprensión mayor y pueden contactar el “círculo interior de la humanidad” que equilibra el cosmos. Incluyo en mis oraciones diarias:
“Deseo escuchar lo que me es dado oír. Deseo ver lo que me es dado ser”.
Fuchs John. Cuarenta años tras los pasos de Gurdjieff

 

 

 

 

jeanne2Acerca de los movimientos sagrados ella dice:
“En los movimientos, lo más importante no son las posiciones sino el impulso,la energía que fluye de una posición a otra.
Y nadie puede enseñar eso. Ustedes tienen que descubrirlo dentro de ustedes mismos.”

“La verdad de lo que soy puede estar percibiendo solo desde una energía más fina, una inteligencia en yo mismo que puede ver. Eso exija una relación precisa entre mi manera habitual de pensar y eso que estoy vendo.
Uno debe obedecer al otro sino, voy a perderme en la substancia del pensamiento.
No se puede estar una contradicción en yo mismo, no importa como pequeña esta.
Si no, yo no puedo ver.
Una contradicción significa de un lado, una necesitad de saber quién soy yo y del otro, una cabeza que funciona sola, por sí mismo; una emoción que funciona sola, por sí mismo; y tensiones que me cortan de mis sensaciones.
Cuando me veo perdido en la oscuridad siento que necesito claridad, necesito una visión. Percibo la necesidad de ver, cual es un sentido totalmente diferente que el deseo de cambiar porque ayer me sentí en un estado más cómodo.
Entonces, poco a poco, las tensiones del cuerpo empiezan a soltar de su mismo. La mente puede ver sin buscar por un resultado y el cuerpo se abre a una calidad diferente.
La energía liberase y una realidad interior aparece. No hay no más contradicción. Veo, solo eso…solo estoy viendo.

Observar sin contradicción es como seguir un corriente de agua rápida, un torrente ardiente, con anticipación por cada movimiento del agua que está en movimiento de un ojo, y mirando cada pequeña ola con el otro. No hay tiempo para pensar, para comentar o juzgar. No hay no más pensamiento. La mente empieza a estar tranquila y sensible – muy activa pero tranquila. Veo sin distorsión.
Una observación silenciosa da luz a la comprensión pero esta verdad se debe estar vista – percibida.
El orden nace del desorden.
Estar en desorden y, en el mismo tiempo, presente al desorden da el conocimiento de una otra posibilidad, otro orden de la cosas; entonces, hay una posibilidad diferente.”

Este método es perfecto para aquellos que lo desean, para los que tienen determinación. La dificultad no es tanto en un nivel físico, porque los movimientos son relativamente sencillos y los aprendemos desde el principio, progresando conforme sucede la integración. Desarrollamos nuestras capacidades cerebrales practicando la atención dividida, un camino para dominar la mente más que ser dominado por ella y dándole una expansión creativa.
En muchas ocasiones utilizamos esta ‘atención dividida’ en nuestras vidas, generalmente inconscientemente, como cuando manejamos un carro, por ejemplo. Mientras este tipo de función se mantenga mecánica, nos ubica fuera de nosotros mismos y nos deja fragmentados. Esto es lo que crea el estrés, dispersión, falta de concentración e inquietud en general: un bajo nivel de vitalidad.

Debido a su geometría precisa y ritmo poco común, los movimientos nos regresan constantemente al aquí y el ahora. Rompemos el patrón mecánico de lenguaje corporal, personal y limitado, al volvernos disponibles a un nuevo vocabulario, físico y energético.
Cuando buscamos un estado de atención sin tensión, una colaboración cercana es necesaria entre nuestros cuerpos físico, emocional e intelectual.
Algunas veces, después de un intenso esfuerzo, surge un momento de presencia que nos conecta a lo que es esencial. Momento de iniciación, momento de gracia que nos afecta para siempre. En cada movimiento, en cada medida, este es el momento que invitamos, para entrar en contacto con lo que todos buscamos con mayor ó menor conciencia, la dimensión de lo sagrado; para que esta dimensión se vuelva presente como una cualidad básica en cada día de nuestras vidas.

images3¿Dónde está nuestra atención?
Quiero estar consciente de mí. Tal como estoy en este momento, ¿puedo conocerme, tener conciencia de mí? No puedo. Estoy demasiado disperso. No siento nada. Pero veo que estoy dormido y veo los síntomas de ese sueño. Me he olvidado de mí, he olvidado el sentido de mi existencia. Y en ese momento, recibo un choque: siento que me despierto, que quiero despertarme. Apenas experimento el choque, me siento tomado de nuevo, retenido por los elementos de mi sueño: las asociaciones que dan vueltas, las emociones que me toman, las sensaciones pasivas. Siento que vuelvo a caer en el olvido.
Uno no se da cuenta de cuán pasivo es, siempre arrastrado por los acontecimientos, las personas y las cosas. Empezamos un trabajo con mucho interés, conscientes de nuestra meta. Pero al cabo de cierto tiempo, el impulso se debilita, vencido por la inercia. La comprensión disminuye y uno siente la necesidad de algo nuevo que restaure el entusiasmo, la vida. De esa manera, nuestro trabajo interior avanza por etapas y depende siempre de fuerzas nuevas. Esto está determinado por una ley. Hay que desechar la idea de que el avance se realiza en forma continua y en línea recta. Hay etapas en las que la intensidad disminuye y, si uno no quiere recaer es necesaria la aparición de una fuerza más activa.
El hombre pasivo en nosotros, el único que conocemos, es el que recibe toda nuestra confianza. Pero, mientras permanezcamos pasivos, nada nuevo ocurrirá. Hay que volverse activo en relación con nuestra inercia, en relación con el trabajo pasivo de nuestras funciones. Si queremos cambiar, tenemos que buscar en nosotros al hombre nuevo, el que está escondido; es decir, el del recuerdo, el que tiene una fuerza que sólo puede ser dirigida por su voluntad y a quien hay que hacer crecer gradualmente, paso a paso. Uno debe ver que es posible un estado más intenso, más activo.
Debo reconocer que en mi estado habitual mi atención no está dividida. Cuando me abro a lo exterior, estoy naturalmente interesado. Mi atención va hacia allá. No puedo impedírmelo. Si mi fuerza de atención está completamente tomada, estoy perdido en la vida, identificado. Toda mi capacidad de estar presente se pierde. Me pierdo, pierdo mi propio rastro, el sentimiento de mí mismo, mi existencia pierde su sentido. Entonces, el primer cambio requerido es una separación en la que mi atención se divide.
Nuestro esfuerzo debe ser siempre claro: estar presente, que es el comienzo del recuerdo de sí. Cuando la atención se divide, estoy presente en dos direcciones, tan presente como pueda. Mi atención se dirige en dos direcciones opuestas y yo estoy en el medio. Es el acto del recuerdo de sí. Quiero mantener una parte de mi atención sobre la conciencia de pertenecer a un nivel superior y, bajo esa influencia, trato de abrirme al mundo exterior. Debo hacer un esfuerzo para permanecer relacionado, un esfuerzo de atención. Trato de conocer realmente lo que soy. Lucho por seguir estando presente, a la vez con un sentimiento de mí que se vuelve hacia una calidad mejor y con un sentimiento ordinario ligado a mi persona. Quiero ver y no olvidar mi pertenencia a esos dos niveles.
Debemos ver dónde está nuestra atención. ¿Dónde está nuestra atención cuando nos recordamos de nosotros? ¿Dónde está nuestra atención en la vida? El orden sólo puede nacer cuando entramos en contacto directo con el desorden. No estamos en el desorden; somos el estado de desorden. Si miro lo que soy realmente, veo el desorden. Y donde hay un contacto directo, hay una acción inmediata. Comienzo a darme cuenta de que mi Presencia está donde está mi atención.