Palabras de Tarthang Tulku
Cuando somos capaces de tranquilizar nuestro cuerpo, respiración y mente, surge naturalmente un sentimiento muy confortable y grato. A medida que expandimos esa sensación, sentimos como si fuéramos llegando a casa, y podemos recuperar esa sensación una y otra vez en la meditación diaria. Podemos practicar al comienzo sólo unos minutos cada día. Sin embargo, a medida que extendemos estos períodos, encontramos que podemos meditar sin esfuerzo. Y a través de repetidos contactos con este sentimiento, nuestra concentración se desarrolla en forma natural. Nuestro progreso podría ser obstaculizado, sin embargo, si tratamos de interpretar estos sentimientos y sensaciones intelectualmente. Porque el proceso del pensamiento en sí mismo nos separa de la experiencia.
Nuestros pensamientos son tan por entero una parte de nosotros que, aun cuando estamos meditando, tendemos a aceptar el mundo de ideas y conceptos como nuestra realidad. Nos limitamos nosotros mismos a ese reino familiar y, por lo tanto, limitamos nuestra meditación. Vemos ese efecto claramente cuando examinamos bien de cerca la naturaleza de los pensamientos.
Cuando un pensamiento surge en la mente, nos «apegamos» a él como a un hijo nuestro. Nos sentimos como si fuéramos la madre de nuestros pensamientos, pero eso es una trampa que nos juega la mente. En efecto, si vigilamos cuidadosamente y tratamos de permanecer desapegados, podemos ver que cada pensamiento surge y se va sin una conexión sustancial con el que le sigue. Los pensamientos tienden a ser erráticos, a saltar de una cosa a otra, como canguros. Cada pensamiento tiene su propio carácter. Algunos son lentos, otros, rápidos; un pensamiento puede ser positivo, el otro, negativo. Pasan unos tras otros, como los automóviles en una carretera. En una muy rápida sucesión, cada uno se adelanta apenas el anterior se desvanece.
Puesto que un pensamiento conduce al próximo, parece como si tuvieran una dirección; pero, a pesar de la sensación de movimiento, no hay una genuina progresión. Son como el cinematógrafo: aunque hay una sensación de continuidad, esta es sólo una ilusión creada por la proyección de una serie de imágenes similares, aunque individuales.
Cuando surge un pensamiento o idea particular, empieza a tomar forma como una criatura en el útero. Se desarrolla por un rato dentro de nosotros, luego «nace» como una idea plenamente formada. Tan pronto como el pensamiento emerge, da un grito y tenemos que hacernos cargo de él. Los pensamientos son muy difíciles y exigentes. Necesitamos aprender a manejarlos en forma adecuada.
Vigilando cuidadosamente nuestros pensamientos, podemos aprender a experimentarlos directamente apenas surgen. Quedándonos gentil y astutamente junto a cada uno, podemos experimentar los diferentes modelos y matices que adoptan. Esto es lo que significa vivenciar la experiencia interna o, realmente, llegar a ser la experiencia.
Es importante la concentración cuando tratamos de hacer contacto con la energía que hay dentro de cada pensamiento; pero una concentración forzada no es efectiva, Puede funcionar durante muy cortos períodos de tiempo, pero siguen apareciendo nuevos pensamientos y la concentración vacila. Tenemos apenas medio-tratado un pensamiento cuando viene otro, y otro más. Para evitar esto, es importante guiar la mente con gentileza hacia un punto único en que pueda concentrarse plenamente en la experiencia interna de
cada pensamiento. A través de una suave disciplina, podremos desarrollar y expandir gradualmente esta concentración.
Cuando estamos muy atentos, podemos llegar a darnos cuenta del espacio que hay entre cada pensamiento. Esto no es fácil, debido a la rapidez con ellos se suceden, apenas se desvanece uno, aparece el próximo. Pero hay un ritmo en este proceso y, cuando captamos este ritmo, podemos ver una «separación» entre los pensamientos, un «espacio» o nivel de consciencia en donde los sentidos no nos distraen. El espacio entre los pensamientos tiene una calidad de apertura muy próxima al vacío, y no es atrapado por discriminaciones o confusiones. Al alcanzarlo, es como sumergirse profundamente en el océano: hay allí una amplia quietud. En la superficie puede haber incontables olas; pero, cuando vamos profundamente al fondo, hay una gran paz y equilibrio. Este espacio es como el intervalo entre este momento y el futuro: el presente pensamiento ya se ha ido, pero el próximo no está aún allí. En efecto, esta lucidez no está involucrada con pasado ni futuro, ni aun está envuelta en nuestra usual idea del presente. Contactar este espacio es como viajar a otra dimensión, y la calidad de la experiencia es totalmente diferente de las que tenemos en forma habitual.
Una vez que encontramos este espacio entre los pensamientos, podemos expandirlo en una experiencia profunda y plena. A medida que se expansiona la calma de este espacio, la mente va perdiendo en forma gradual su desasosiego, y empieza a manifestar su estado natural. Al principio, este estado es difícil de mantener porque nuestra mente todavía tiende a ser distraída por pensamientos. Pero, a medida que desarrollamos un mayor equilibrio, nuestra mente gravita más fácilmente a un más profundo estado de lucidez.
Cuando aprendemos a mantener esta lucidez por períodos cada vez más largos, llega a ser como una luz interna, siempre radiante. Es esa luz dentro de la cabeza de la que hablan los místicos. Ella nos libra de la confusión y de la habitual e interminable secuencia de pensamientos.
Podemos expandir esa calma más allá de nuestros cuerpos, más allá aún de esta tercera dimensión, y podemos sentir la inmensidad, la no centralización del espacio abierto. Nuestra experiencia llega a ser viva, fresca, clara y positiva. Mientras más profundamente entramos en ese espacio, más poderosa llega a ser nuestra experiencia. Allí vemos que la mente misma es espacio, que es trasparente y sin forma. Vemos que nuestros pensamientos también son abiertos y sin forma. Una vez que experimentemos directamente esta sensación, dejaremos de estar confinados en los casilleros de conceptos, palabras e imágenes que habían restringido anteriormente nuestra experiencia. En el espacio entre pensamientos está solamente la cristalina calidad de la lucidez pura. Pasado y futuro se disuelven, porque este espacio está más allá del reino de los conceptos; es vasto y abierto, no reteniendo nada, pero permitiéndolo todo.
Para llegar a ello, debemos aprender a mantener nuestro estado de alerta en el momento presente y, simplemente ser, sin crear ninguna separación entre nuestro ego y el pensamiento. Esta es la manera de cortar a través -o penetrar- un pensamiento. Tratando de analizarlo o aferrarlo, siempre permaneceremos fuera de él. Pero los pensamientos no están fuera de nosotros, en realidad no están en ninguna parte. Son como burbujas surgiendo en el océano. Dentro de ellos hay una claridad ligera y fresca. Es importante contactar la naturaleza interna del pensamiento mismo.
Lo que llamamos lucidez discriminativa es diferente de nuestra discriminación ordinaria. Es una manera intuitiva de cortar a través de nuestra dependencia de palabras y conceptos. Ella nos da otra manera de ver, otro punto de vista desde donde vivenciar la experiencia. La consciencia humana puede ver usualmente una o dos dimensiones al mismo tiempo, pero con esta visión profunda, pasado, presente y futuro se unen en un solo espacio. Todas las dimensiones pueden ser vistas de una sola vez.
Para expandir el pensamiento, primero te das cuenta de que uno de ellos está viniendo. Dejas que tu consciencia entre en él, encuentre su núcleo -el que es una quieta lucidez dentro del pensamiento- eso es «ver». El pensamiento mismo está basado en esa lucidez, sin ella no habría pensamientos. Cuando contactes esa lucidez, o energía, expándela tanto como puedas. Haz de esto un ejercicio. 0 si no, míralo de esta manera: un pensamiento está aquí, el próximo todavía no ha llegado; en el mismo momento en que
ese pensamiento se ha ido, quédate en ese espacio antes que el próximo venga. Eso es expandir. Practica de esa forma. Tan pronto como un concepto se vaya, ese es el lugar donde te quedas. Cuida de no apegarte al pensamiento ido porque eso atrae el siguiente. Eso congelaría la meditación, Deja que los pensamientos se vayan, el sostenerlos interrumpe la meditación.
Permanecer en el espacio entre pensamientos es dejar caer cualquier intento forzado de concentración y aprender cómo no hacer esfuerzo. Cuando tú dejas ir cualquier idea de premeditación -aun en un nivel mental muy sutil- entonces tu meditación fluye muy naturalmente sin enfocar ninguna forma particular. De esta manera, tu mente se transforma en espacio; tu consciencia y el espacio llegan a ser uno. La lucidez es luz y la consciencia es espacio. Sin espacio no puede haber luz.
La verdadera naturaleza de la mente está libre de conceptos. Aunque hablemos acerca de un espacio «entre», este «entre» en realidad no existe. No hay un hoyo específico, sino que, con miras a señalar esta experiencia, usamos palabras como «espacio» y «entre». En el nivel superficial puede haber muchas manifestaciones, pero en un nivel más profundo y más sutil, la mente es totalmente abierta y silenciosa.
Para contactar este silencioso lugar, no sitúes tu meditación y tu mente en ningún «lugar»,. Sólo procura ser abierto, sin sostener ni centrar. Una vez que aprendas a contactarte directamente con este nivel superior de lucidez, entonces -sin necesidad de oponerte a ellos- serás capaz de controlar tus pensamientos y emociones, porque ellos llegarán a estar completamente fundidos con esa lucidez. Cuando puedas someter a tu mente limitada por conceptos y entrar en este espacio abierto que existe entre los pensamientos, esa mayor lucidez funcionará sin interrupción y tu mundo entero se habrá transformado.
Palabras de Tarthang Tulku








Acabo de darte un premio en mi blog. Puedes pasar a recogerlo en: http://loveisaplace.blogspot.com/2008/05/premi-dhonor.html
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Boirnia!!!! gracias por tu visita !!!!
Me diste un premio??
Pero me encanta, feliz de que hayas estado en mi blog,
un besote mas que grande!!!
Cristina
hola cris!
me han regalado por mi cumpleaños un libro que se titula “hacia la paz interior” que trata sobre métodos prácticos para integrar pequeños acontecimientos de la vida cotidiana en la búsqueda de la armonía.
Desde técnicas respiratorias hasta el arte de la sonrisa, pasando por el trabajo, ocio, relaciones sociales y familiares.
Propone actividades y actitudes que pueden cambiar nuestra vida llevándonos a la realización personal.
Creo que son cosas sobre las que se podría reflexionar no crees?
Besitos guapa y cuidate si!
vivamos la vida lo mas digna posible.
Un saludo desde Argentina
Respondiendo al blog ·”No discrimine”.
Muchisimas gracias por tu visita, y un placer para mi haber conocido el tuyo, un placer realmente leerte!!
Te espero nuevamente por aqui.
Un cariño