“La visualización añade una nueva dimensión a nuestra percepción del mundo y nos brinda una nueva perspectiva con la cual encarar nuestra realidad común”. “La visualización nos enseña a utilizar nuestra mente entera”. (TARTHANG TULKU).
Abordar los secretos del Ser, mediante la técnica de la visualización NO dirigida, es seguramente un camino más entre tantos. Pero, no podremos ignorar que estamos ante una de las ciencias más antiguas de comunicación entre los Hombres. Y entre los Hombres y El Todo, si se la toma como un estado de meditación y comunicación con estas Altas Energías.
El punto más importante de este tipo de Trabajo es, que lleva al Hombre a recordar un Todo que está grabado hasta en la memoria de sus células aunque no parezca visible en la memoria diurna y cotidiana. Quienes trabajamos con este método no utilizamos palabras comunes, no hurgueteamos en el registro de la memoria propiamente dicha, trabajamos con las imágenes que son el lenguaje del Alma.
Esto es posible porque, se comienza con una muy profunda relajación del cuerpo, la mente y las emociones. Este tipo de relajación es lo que llamamos hipnosis consciente. Y desde esta serenidad, nos es posible abrir las puertas de la Eternidad del Alma y darle paso a que se exprese en su propio lenguaje.
Desde este estado de hipnosis consciente, igual al estadio justo intermedio entre la vigilia y el sueño, en el cual la persona se introduce acompañado de una guía, se trata de recordar desde ahí registros olvidados, sintiendo a la vez aquello mismo que quizá se ha sentido cuando se tenía un año de edad y quedó grabado, impreso en todo nuestro ser físico y espiritual. Y en la medida en que vamos recordando y sintiendo lo mismo que hemos vivido durante toda la vida, vamos limpiando nuestras emociones y la calidad de nuestros pensamientos hasta que, mediante la comprensión adquirida con esa re-visión, la expresión de nuestro ser en una nueva libertad va transformando alquímicamente nuestra calidad de vida.
Bajo el estado de relajación muy profunda, los ojos VEN con total nitidez aquello que uno esta viendo, también se sienten nítidamente las emociones como si se hubiese regresado hacia atrás en el tiempo. Se siente hasta la temperatura del aire, la textura del ropaje, los tonos de voz. Uno puede verse a sí mismo de varias maneras que no son otra cosa que el suceder de la vida: siendo bebe, siendo niño, siendo adolescente… Uno puede ver-se y sentir-se en compañía de familiares u otras personas cercanas, algunas hasta olvidadas en ciertas etapas de la vida, y revivir para DARSE CUENTA que, aquello que uno tenía guardado y custodiaba con su memoria cotidiana, resulta que no era tan así, no nos era tan propia la seguridad con que nos movíamos. Estos “darnos cuenta” nos dan entonces la oportunidad de descubrir un nuevo Sentimiento que lleva de inmediato a una Comprensión que sólo viene a producir un alivio en nuestras vidas porque limpia de toxinas psíquicas ocasionadas por vivencias dolorosas guardadas y olvidadas o por situaciones mal interpretadas sobre todo en la niñez, pero que quedan grabadas al igual que un quiste y luego mueven nuestras vidas sin que nos demos cuenta de ello.
Es necesario recordar, y recordar hasta evocar casi espontáneamente todo aquello que se ha vivido y despejar así nuestro campo emocional, y por añadidura cambiará la calidad de nuestra vida, tanto espiritual, mental, material y física.
Cuántas veces nos movemos sobre interrogantes: La vida que vivo ¿es un espejo que me refleja a mí mismo?.
Así como son nuestros pensamientos, son nuestras emociones. Así como son nuestros pensamientos y emociones, son nuestras acciones, actitudes, relaciones, estados “psicológicos”, las palabras que salen por la boca y especialmente el contenido que de ellas sale. Y eso que somos, es lo que atraemos y lo que generamos. ¿Pero será real que solo somos eso?. ¿Cuánto hay en nosotros que no nos pertenece?. Si nos adentramos en esta investigación veremos que hay mucho que no nos pertenece realmente y que aquello que son nuestros mas anhelados sueños, contienen mucho de lo que SÍ nos pertenece.
La posibilidad de salir de los interrogantes es comprender, y mirando lo que genero puedo ir dándome cuenta de lo que guardo en mi interior, al cual normalmente no accedemos fácilmente. Atraigo lo mismo que guardo en mi interior.
Trabajar con la visualización NO dirigiada, es altamente creativo pues, no es absolutamente necesario revivir la vida vivida. Son innumerables las imágenes que se expresan desde el Alma, para crear el desarrollo de una conciencia más alta.
Tarthang Tulku dice: “Cuanto más nos habituamos a la práctica de la visualización, mas advertimos que lo que llamamos “real” es en sí mismo una visualización: Esta percepción puede alterar nuestro modo de pensar e incrementar nuestra aptitud para ver la transparencia del yo y los objetos materiales. Una vez que vemos esto, podemos transformar aún nuestros obstáculos emocionales en energía positiva”.
Mas allá aún de las visualizaciones, son de suma importancia las relajaciones y la forma en que se producen, de manera tal que permitan que se establezca, que se haga visible, la unidad que somos en cuerpo, sentimiento y mente. A solas consigo mismo, el Hombre, a través de ellas, puede encontrar ese espacio interior que está en todo Ser Humano, que es común a todos, en donde está queriendo nacer nuestro Ser. Ahí, en ese lugar, anida nuestra calma y nuestra armonía. Una Armonía que es la expresión de nuestro deseo del Amor en su punto más alto, más perfecto.
Todo Ser Humano “si quiere”, puede encontrar ese lugar en el cual se siente Uno con el Todo. Allí el Hombre acompaña a su Ser y es acompañado por ÉL, y ÉL llena al Hombre de “otra” energía que es a su vez un Sentimiento Poderoso. Con este Sentimiento, cualquier Ser Humano tiene la posibilidad de transitar la vida, bajo cualquier dificultad, sin desmoronarse. Porque ese lugar está al servicio del Hombre, está en todos nosotros. Somos nosotros los que no sabemos cómo acceder a ese sentimiento, cuidarlo y darle espacio para que crezca y se manifieste libremente.
No es necesario transitar por innumerables vías de autoconocimiento, de autoayuda, o innumerables terapias. Si el Hombre limpia su campo emocional y mental y va al encuentro de ese Sitio que está dentro de él, lo cuida, lo escucha, lo busca, lo mantiene….. Cosas milagrosas llegan a la vida. Aquello que se vive, se siente, se ve, se torna NUEVO.
Son las mismas vivencias, los mismos sentires, ojos que ven las mismas cosas, las palabras parecen las mismas….. sin embargo ya nada es igual. Todo se ha vuelto nuevo…
Para eso es necesario saber cómo aprender ese movimiento hacia sí mismo, cómo encontrarlo, sentirlo y mantenerlo. Una vez que se conoce y se siente ese sitio en uno mismo, buscaremos con ardor, momentos en la vida cotidiana, para ir hacia allí y encontrar la calma y el descanso.
Es este un aprendizaje necesario, sobre todo si se observa la manera en que se vive hoy. Y es tan vital que de producirse ese reencuentro del Hombre con el verdadero sentir de su ser, no solamente la vida de esa persona cambiaría, sino la de innumerables vidas.
Si el Hombre tiene hoy esta herramienta para sí, podrá transitar por la vida cualesquiera sean las circunstancias, sabiendo que se tiene a sí mismo en ese sitio, como su mejor y mayor apoyo.
Hay muchas dimensiones en la experiencia meditativa. Podemos tener una hermosa experiencia, muy satisfactoria y agradable; pero esa experiencia es limitada porque ella «pertenece» a un «ego». Hay un marco de referencia dentro del cual reaccionamos, por lo tanto, perdemos la experiencia. Así tenemos nuestros altos y bajos. Más tarde nuestra experiencia meditativa puede expandirse y llegar a ser ilimitada, sin punto de referencia, sin centro. Todo y cada cosa es parte de la meditación. Esto puede conducirnos a un nivel donde ya no existen distinciones. Despertamos y vemos que la realidad y la verdad no son unidimensionales, sino como un diamante con muchas facetas. Este nivel es lucidez pura. En ella estamos por sobre los pensamientos, en ellos y fuera de ellos. Podemos todavía verlos, pero sin involucrarnos.
Es posible pasarse muchos años practicando sin hacer progresos sustanciales. Pero podemos decir cuándo estamos meditando bien, porque en los más altos niveles de meditación no nos damos cuenta de que estemos haciendo algo, allí no hay reflexión. Tan pronto como existan murallas, en cuanto hayan parámetros, cuestionaremos nuestro estado y trataremos de medir el espacio. Pero cuando entramos en el espacio abierto de la meditación, no podemos dividirlo de esta u otra manera. Ya no se pueden aplicar cuestionamientos.
Al comenzar la meditación, es importante dejar ir todos los pensamientos y librarnos de su pasado y de su futuro. Es entre ellos donde encontramos la meditación. A medida que ella se va desarrollando, vamos descubriendo una intencionalidad meditativa dentro de cada pensamiento y de cada emoción. La meditación entonces viene a ser una parte natural de nosotros, una experiencia que puede acompañarnos a través de nuestra vida cotidiana. Cualquiera que sea lo que experimentemos puede volverse meditación, siempre que no tratemos de evitar o seleccionar. Nuestra respiración, sensaciones, tensiones musculares, deseos, ego, aferramientos y confusión, cada cosa que experimentemos puede ser parte de nuestra meditación. Ella no sólo puede ayudarnos a resolver nuestros problemas sino, además, protegernos de que surjan. El proceso de meditación relaja y calma, de modo que cuando surge cualquier pensamiento o emoción, ya no nos arrastra con ellos. Así su poder sobre nosotros empieza a disolverse.
El ego está estrechamente relacionado a las acciones de aferramiento e identificación. Pero una vez que aprendemos a meditar, el ego empieza a perder su poder sobre nosotros. El ego es un concepto basado en ciertas imágenes o interpretaciones que emergen a través de nuestros sentimientos y sensaciones, son simplemente condicionamientos sin ningún significado sustancial. La persona que confía en su meditación encuentra que no hay nombre ni forma en la experiencia.
Mucha gente cree que esencia y ego son lo mismo. Mientras más profundamente investigamos y más refinada es nuestra comprensión, nos damos cuenta con más fuerza de que no existe ni ego ni esencia. Son simples palabras vacías que no tienen significado.
A veces, al concentrarse, vienen a la superficie imágenes subconscientes, pueden ser memorias o arquetipos. Muchas experiencias no familiares surgen inesperadamente a la consciencia. Algunas técnicas de meditación originan y estimulan estas imágenes. Esta clase de experiencia significa que estás en el camino de la meditación. La concentración lleva a tales experiencias, pero también nos conduce más allá de ellas. Relájate y deja irse al vigilante. Trata de no estar consciente de nada. Usa paciencia, llega al fondo de tu meditación y trata de conectarte con esa sensación de profunda relajación: tu desasosiego irá cesando naturalmente. Así que no prestes atención a la cantidad o calidad de tu meditación, sólo tienes
que mantenerla abierta. Tú eres el centro de ella.
Si tu meditación es demasiado rígida o tensa, incluso puedes sentir jaqueca. Olvida el concepto de meditación, deja ir el sentido de propiedad. Cuando tienes ya sea una buena o mala experiencia, sientes
que tú eres el propietario. Este aferramiento crea una tensión. A menudo somos demasiado cuidadosos cuando meditamos, como si estuviéramos en una habitación con un lactante que duerme: al menor ruido,
el niño despertaría. Necesitamos relajarnos y perder esa actitud.
Sé cariñoso con tu cuerpo. Masajea gentilmente los músculos del cuello y la energía fluirá libremente. Deja ir todas tus tensiones y tus resistencias. No necesitas hacer nada en particular. Tus ojos, manos, estómago, huesos y músculos están todos cuidando de ellos mismos. Deja que tu percepción fluya a través de tu cuerpo y de tu mente.
Es bien difícil generalizar si el que sigue un camino espiritual necesita un gurú o no. La única manera de saberlo es mirar dentro del propio corazón y ver si uno puede manejárselas para progresar sin que su ego o su autoengaño se le atraviese en el camino.
La religión y la devoción son útiles, son otro aspecto de la meditación. Si tú crees y tienes fe y devoción, harás progresos. No es el único camino, pero es una herramienta muy importante.
La filosofía está relacionada, primero que todo, con los pensamientos y conceptos. Estos se van refinando
y entonces toman una dirección, la cual llega a un punto que se transforma en una regla, la que a su vez da origen a un sistema. Este sistema va creciendo cada vez más y, gradualmente, se desarrolla una consciencia ética: bien y mal, positivo y negativo, virtud, pecado, buen o mal karma, etc. Paulatinamente,
a medida que se va transformando en un modelo, la filosofía llega a ser restringida y sofocada por muchos complejos detalles.
Mientras más preguntas hacemos, más preguntas aparecen. Finalmente, llegamos a la conclusión de que
no necesitamos preguntar porque no hay respuestas definitivas. Pero si no empezamos preguntando, no llegaríamos a esta realización. En un sentido, nuestro conocimiento común no es inútil porque nos ayuda
a comprender que no hay fin para las preguntas. Es como frotar dos piezas de madera una con la otra. Se calientan y al final se encienden y consumen. El conocimiento intelectual es parecido a eso. La única manera de encontrar respuestas es darse cuenta finalmente que no hay respuestas. El responder origina
un mayor interrogatorio, y el preguntar sirve para repetir el ciclo. Las preguntas y respuestas no llevan a ninguna parte. Ellas se retroalimentan.
Tenemos pensamientos, y el expresarlos puede ayudar. Cuando hacemos preguntas, vemos donde estamos. Preguntar es una manera de saber, otra manera es a través de la experiencia. Cuando ambas ocurren al mismo tiempo, esto es muy bueno; pero, a veces, no podemos captar la diferencia. Eventualmente, todo llega a ser uno y no hay diferencia.
Preguntas y respuestas no llevan demasiado lejos, pero puede ser un ejercicio útil, no algo para rechazar. Cuando descartamos la filosofía y el conocimiento intelectual, nos cerramos a una parte importante de nosotros mismos. Al vivir, estudiar y trabajar en el mundo, necesitamos hacer esta clase de ejercicios tanto como sea posible. Pero cuando estamos meditando, no debiera haber preguntas.
Cuando estés confuso intelectualmente, trata de salir de esa confusión meditando. No es una pérdida de tiempo, es un proceso de aprendizaje. Cuando despiertes en la mañana, date cuenta que ahora es el momento, ahora es el desafío. Trata de aprender en cada instante, tus clases son en la vida cotidiana. Estás jugando juegos en el campo de la meditación las 24 horas del día. El desafío es ¿cuál lado está ganando?, ¿el positivo o el negativo?, ¿qué estoy obteniendo? En sentido último, no hay ganancia ni pérdida; pero, hasta que no comprendemos esa verdad, continuamos siendo envueltos en los conceptos de ganancia y pérdida. Por eso, mientras tanto, trabajemos con lo que tenemos.
Los pensamientos:
Cuando somos capaces de tranquilizar nuestro cuerpo, respiración y mente, surge naturalmente un sentimiento muy confortable y grato. A medida que expandimos esa sensación, sentimos como si fuéramos llegando a casa, y podemos recuperar esa sensación una y otra vez en la meditación diaria. Podemos practicar al comienzo sólo unos minutos cada día. Sin embargo, a medida que extendemos estos períodos, encontramos que podemos meditar sin esfuerzo. Y a través de repetidos contactos con este sentimiento, nuestra concentración se desarrolla en forma natural. Nuestro progreso podría ser obstaculizado, sin embargo, si tratamos de interpretar estos sentimientos y sensaciones intelectualmente. Porque el proceso del pensamiento en sí mismo nos separa de la experiencia.
Nuestros pensamientos son tan por entero una parte de nosotros que, aun cuando estamos meditando, tendemos a aceptar el mundo de ideas y conceptos como nuestra realidad. Nos limitamos nosotros mismos a ese reino familiar y, por lo tanto, limitamos nuestra meditación. Vemos ese efecto claramente cuando examinamos bien de cerca la naturaleza de los pensamientos.
Cuando un pensamiento surge en la mente, nos «apegamos» a él como a un hijo nuestro. Nos sentimos como si fuéramos la madre de nuestros pensamientos, pero eso es una trampa que nos juega la mente. En efecto, si vigilamos cuidadosamente y tratamos de permanecer desapegados, podemos ver que cada pensamiento surge y se va sin una conexión sustancial con el que le sigue. Los pensamientos tienden a ser erráticos, a saltar de una cosa a otra, como canguros. Cada pensamiento tiene su propio carácter. Algunos son lentos, otros, rápidos; un pensamiento puede ser positivo, el otro, negativo. Pasan unos tras otros, como los automóviles en una carretera. En una muy rápida sucesión, cada uno se adelanta apenas el anterior se desvanece.
Puesto que un pensamiento conduce al próximo, parece como si tuvieran una dirección; pero, a pesar de la sensación de movimiento, no hay una genuina progresión. Son como el cinematógrafo: aunque hay una sensación de continuidad, esta es sólo una ilusión creada por la proyección de una serie de imágenes similares, aunque individuales.
Cuando surge un pensamiento o idea particular, empieza a tomar forma como una criatura en el útero. Se desarrolla por un rato dentro de nosotros, luego «nace» como una idea plenamente formada. Tan pronto como el pensamiento emerge, da un grito y tenemos que hacernos cargo de él. Los pensamientos son muy difíciles y exigentes. Necesitamos aprender a manejarlos en forma adecuada.
Vigilando cuidadosamente nuestros pensamientos, podemos aprender a experimentarlos directamente apenas surgen. Quedándonos gentil y astutamente junto a cada uno, podemos experimentar los diferentes modelos y matices que adoptan. Esto es lo que significa vivenciar la experiencia interna o, realmente, llegar a ser la experiencia.
Es importante la concentración cuando tratamos de hacer contacto con la energía que hay dentro de cada pensamiento; pero una concentración forzada no es efectiva, Puede funcionar durante muy cortos períodos de tiempo, pero siguen apareciendo nuevos pensamientos y la concentración vacila. Tenemos apenas medio-tratado un pensamiento cuando viene otro, y otro más. Para evitar esto, es importante guiar la mente con gentileza hacia un punto único en que pueda concentrarse plenamente en la experiencia interna de
cada pensamiento. A través de una suave disciplina, podremos desarrollar y expandir gradualmente esta concentración.
Cuando estamos muy atentos, podemos llegar a darnos cuenta del espacio que hay entre cada pensamiento. Esto no es fácil, debido a la rapidez con ellos se suceden, apenas se desvanece uno, aparece el próximo. Pero hay un ritmo en este proceso y, cuando captamos este ritmo, podemos ver una «separación» entre los pensamientos, un «espacio» o nivel de consciencia en donde los sentidos no nos distraen. El espacio entre los pensamientos tiene una calidad de apertura muy próxima al vacío, y no es atrapado por discriminaciones o confusiones. Al alcanzarlo, es como sumergirse profundamente en el océano: hay allí una amplia quietud. En la superficie puede haber incontables olas; pero, cuando vamos profundamente al fondo, hay una gran paz y equilibrio. Este espacio es como el intervalo entre este momento y el futuro: el presente pensamiento ya se ha ido, pero el próximo no está aún allí. En efecto, esta lucidez no está involucrada con pasado ni futuro, ni aun está envuelta en nuestra usual idea del presente. Contactar este espacio es como viajar a otra dimensión, y la calidad de la experiencia es totalmente diferente de las que tenemos en forma habitual.
Una vez que encontramos este espacio entre los pensamientos, podemos expandirlo en una experiencia profunda y plena. A medida que se expansiona la calma de este espacio, la mente va perdiendo en forma gradual su desasosiego, y empieza a manifestar su estado natural. Al principio, este estado es difícil de mantener porque nuestra mente todavía tiende a ser distraída por pensamientos. Pero, a medida que desarrollamos un mayor equilibrio, nuestra mente gravita más fácilmente a un más profundo estado de lucidez.
Cuando aprendemos a mantener esta lucidez por períodos cada vez más largos, llega a ser como una luz interna, siempre radiante. Es esa luz dentro de la cabeza de la que hablan los místicos. Ella nos libra de la confusión y de la habitual e interminable secuencia de pensamientos.
Podemos expandir esa calma más allá de nuestros cuerpos, más allá aún de esta tercera dimensión, y podemos sentir la inmensidad, la no centralización del espacio abierto. Nuestra experiencia llega a ser viva, fresca, clara y positiva. Mientras más profundamente entramos en ese espacio, más poderosa llega a ser nuestra experiencia. Allí vemos que la mente misma es espacio, que es transparente y sin forma. Vemos que nuestros pensamientos también son abiertos y sin forma. Una vez que experimentemos directamente esta sensación, dejaremos de estar confinados en los casilleros de conceptos, palabras e imágenes que habían restringido anteriormente nuestra experiencia. En el espacio entre pensamientos está solamente la cristalina calidad de la lucidez pura. Pasado y futuro se disuelven, porque este espacio está más allá del reino de los conceptos; es vasto y abierto, no reteniendo nada, pero permitiéndolo todo.
Para llegar a ello, debemos aprender a mantener nuestro estado de alerta en el momento presente y, simplemente ser, sin crear ninguna separación entre nuestro ego y el pensamiento. Esta es la manera de cortar a través -o penetrar- un pensamiento. Tratando de analizarlo o aferrarlo, siempre permaneceremos fuera de él. Pero los pensamientos no están fuera de nosotros, en realidad no están en ninguna parte. Son como burbujas surgiendo en el océano. Dentro de ellos hay una claridad ligera y fresca. Es importante contactar la naturaleza interna del pensamiento mismo.
Lo que llamamos lucidez discriminativa es diferente de nuestra discriminación ordinaria. Es una manera intuitiva de cortar a través de nuestra dependencia de palabras y conceptos. Ella nos da otra manera de ver, otro punto de vista desde donde vivenciar la experiencia. La consciencia humana puede ver usualmente una o dos dimensiones al mismo tiempo, pero con esta visión profunda, pasado, presente y futuro se unen en un solo espacio. Todas las dimensiones pueden ser vistas de una sola vez.
Para expandir el pensamiento, primero te das cuenta de que uno de ellos está viniendo. Dejas que tu consciencia entre en él, encuentre su núcleo -el que es una quieta lucidez dentro del pensamiento- eso es «ver». El pensamiento mismo está basado en esa lucidez, sin ella no habría pensamientos. Cuando contactes esa lucidez, o energía, expándela tanto como puedas. Haz de esto un ejercicio. 0 si no, míralo de esta manera: un pensamiento está aquí, el próximo todavía no ha llegado; en el mismo momento en que
ese pensamiento se ha ido, quédate en ese espacio antes que el próximo venga. Eso es expandir. Practica de esa forma. Tan pronto como un concepto se vaya, ese es el lugar donde te quedas. Cuida de no apegarte al pensamiento ido porque eso atrae el siguiente. Eso congelaría la meditación, Deja que los pensamientos se vayan, el sostenerlos interrumpe la meditación.
Permanecer en el espacio entre pensamientos es dejar caer cualquier intento forzado de concentración y aprender cómo no hacer esfuerzo. Cuando tú dejas ir cualquier idea de premeditación -aun en un nivel mental muy sutil- entonces tu meditación fluye muy naturalmente sin enfocar ninguna forma particular. De esta manera, tu mente se transforma en espacio; tu consciencia y el espacio llegan a ser uno. La lucidez es luz y la consciencia es espacio. Sin espacio no puede haber luz.
La verdadera naturaleza de la mente está libre de conceptos. Aunque hablemos acerca de un espacio «entre», este «entre» en realidad no existe. No hay un hoyo específico, sino que, con miras a señalar esta experiencia, usamos palabras como «espacio» y «entre». En el nivel superficial puede haber muchas manifestaciones, pero en un nivel más profundo y más sutil, la mente es totalmente abierta y silenciosa.
Para contactar este silencioso lugar, no sitúes tu meditación y tu mente en ningún «lugar»,. Sólo procura ser abierto, sin sostener ni centrar. Una vez que aprendas a contactarte directamente con este nivel superior de lucidez, entonces -sin necesidad de oponerte a ellos- serás capaz de controlar tus pensamientos y emociones, porque ellos llegarán a estar completamente fundidos con esa lucidez. Cuando puedas someter a tu mente limitada por conceptos y entrar en este espacio abierto que existe entre los pensamientos, esa mayor lucidez funcionará sin interrupción y tu mundo entero se habrá transformado.







